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  • Del estudio y el estudiante
    Míriam Sánchez Hernández
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    Un alumno (del latín alumnus, cuya raíz alere significa alimentar), es aquél que, con una actitud pasiva, recibe de otro aquello que lo habrá de cultivar, de hacer crecer; es quien generalmente realiza, a regañadientes, tareas que le resultan áridas y repetitivas para complacer al profesor con la esperanza de obtener, eventualmente, un título o diploma. Muy distinto es el estudiante, aquél que se define como alguien actuante, que ejerce una acción para lograr algo, y evoca la imagen del que busca, se esfuerza, trabaja, dilucida.

    Desde esta concepción quisimos reunir las reflexiones de pensadores de formaciones diversas, distintas épocas y latitudes. Así, Albert Einstein, Malcolm Knowles, José Ortega y Gasset, Paulo Freire y Juan Delval, nos llevan a reflexionar sobre el papel del estudiante y del profesor, de la educación y de la escuela, sobre el deseo de aprender. Tenemos la certeza de que la inclusión de este libro tanto en la biblioteca del estudiante como en la del profesor, será de gran beneficio en la tarea que les ocupa. 

  • Los exámenes
    Manuel Pérez Rocha
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    La evaluación del aprendizaje es esencial para los sistemas educativos. Sin embargo, se ha convertido en un ejercicio que se aparta del objetivo de contribuir al aprendizaje y frecuentemente responde a exigencias de los intereses dominantes de la sociedad estratificada, escindida y sin rumbo en la que vivimos.

    En los modelos de evaluación del aprendizaje vigentes se ha encontrado un lenguaje mercantil, bancario: los estudiantes “deben” cierta materia, una vez aprobado un examen ya la “pagaron” o la “acreditaron”, los cursos se miden en “créditos” y acumulando una determinada cantidad de créditos se obtienen determinados derechos.

    Pero el conocimiento no puede cuantificarse, excepto si se reduce a fragmentos de información. Tan carente de contenido real es la “medición” de conocimientos, que su unidad de medida son “puntos”, término que carece de significado cognoscitivo y no tiene relación con los elementos del complejo proceso vital del conocimiento: motivación, voluntad, capacidad de abstracción, de análisis y síntesis, creatividad, imaginación, capacidad de cuestionamiento y destreza en el manejo de las técnicas apropiadas.

  • ¿Quién cuenta en la escuela?
    Míriam Sánchez Hernández
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    La Colección Galatea ofrece en esta ocasión cuentos de dos escritores latinoamericanos que, desde la literatura, tocan bordes y abismos de la vida escolar.

    El primero, del argentino Héctor Sandro, se titula “Modificación de último momento”. El segundo, titulado “Tachas”, fue escrito por el mexicano Efrén Hernández.

    Un par de cuentos cuya forma incisiva, rápida y sorpresiva nos remite, seguramente, a un sinnúmero de anécdotas propias y ajenas sobre lo cotidiano en la escuela y sobre los alcances y los límites de la relación entre profesores y estudiantes.


  • Educar ¿para qué?
    Míriam Sánchez Hernández
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    Educar. Educar ¿para qué? La interrogante no es nueva, ha sido planteada durante todo el siglo en la filosofía, la epistemología, las ciencias de la educación, la investigación social y la económica. Se ha dicho que la educación impulsa el desarrollo económico de un país, favorece la movilidad social de los individuos, prepara para el trabajo; es responsable de la reproducción social de los valores, de la dominación y de la enajenación; abate la pobreza de los individuos y de los países.

    David Orr, Fritjof Capra y Humberto Maturana reconocen que la principal motivación que debe alentar la educación es preservar la vida, y sólo encuentran una forma de lograrlo: cuidar la tierra, el agua, las especies; pues a pesar de que hoy la población del mundo recibe más educación, aumenta la devastación de la naturaleza y la destrucción del hombre.

    ¿Para qué sirve la educación?, ¿qué queremos de ella?, ¿qué educación se necesita? Son preguntas insoslayables que urge responder.

  • Retos de la docencia universitaria
    Míriam Sánchez Hernández
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    El contacto diario con personas cuya tarea es aprender, proporciona vivencias exclusivas, difíciles de hallar en otro tipo de actividad. La curiosidad, la duda, la pregunta, la creatividad son ingredientes en ese intercambio; también los problemas y los retos que viven los docentes frente a los de los estudiantes que, a fuerza de su constancia, se convierte en lo cotidiano. Un cotidiano que sale de las aulas y ocupa las conversaciones de los profesores tanto en sus espacios de trabajo como en los de esparcimiento.

    Manuel Gil Antón, con su estilo franco y ameno nos comparte esos encuentros donde predomina la mirada de los profesores hacia los estudiantes: ¿Quiénes son ellos? ¿Cómo son? ¿Cómo aprenden o por qué no aprenden? ¿Lo que piensan los maestros de los estudiantes corresponde a lo que ellos piensan de sí mismos? Algunas respuestas son dadas en estos diálogos, otras quedan en un suspenso propicio para próximas charlas.

  • De la motivación y del síndrome de fracaso
    Míriam Sánchez Hernández
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    ¿A qué se debe que un estudiante tenga un bajo desempeño académico, deje algunos cursos inconclusos, y en algunos casos abandone sus estudios por completo? Este fenómeno, llamado fracaso escolar, se ha asociado con factores que escapan a la injerencia de las instituciones educativas, a los profesores y a los mismos estudiantes: condiciones de vida, factores socioeconómicos, las capacidades físicas e intelectuales del estudiante, etcétera. No obstante, Jere Brophy y Linda S. Lumsden, hacen referencia a ciertos obstáculos en el marco del fracaso escolar, que pueden ser salvados mediante el uso de algunas estrategias pedagógicas específicas. Aunque, ciertamente, para que la intervención del profesor sea la adecuada, éste debe conocer la situación particular de los estudiantes, sus necesidades y potencialidades.

  • Los garrotes y las zanahorias
    Manuel Pérez Rocha
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    Manuel Pérez Rocha presenta las ideas de Alfie Kohn sobre el valor que poseen los premios y los castigos para motivar a los estudiantes a aprender. Los compara con los garrotes y con las zanahorias, recursos empleados con ciertos animales para conseguir que hagan las faenas.

    De los castigos, no cabe duda, cada vez hay más acuerdo en que dañan, hacen sufrir y alejan de los propósitos educativos. Representan actitudes autoritorias y deterioran las relaciones entre los estudiantes y sus educadores.

    ¿Y los premios?, ¿son mejores? Muchos padres y profesores creen que es positivo ofrecer recompensas a los estudiantes si éstos han realizado las tareas o han logrado aprender. Alfie Kohn lo niega rotundamente. Los premios son instrumentos de control y manipulación; además son enemigos de los buenos valores y obstaculizan el buen desempeño; tienen un efecto adverso en el pensamiento creativo, en la retención a largo plazo, en el interés por aprender, en la preferencia por enfrentar retos y, sobre todo, apartan el gozo del aprendizaje.

    Después de leer este texto, ¿habrá quien se atreva a ofrecer a los estudiantes garrotes o zanahorias?


  • Pigmalión en la escuela
    Míriam Sánchez Hernández
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    Todo profesor se forma juicios o expectativas de sus estudiantes desde los primeros días de clases, pero muy pocos saben que esto tiene un efecto decisivo en el desempeño académico de sus estudiantes, e incluso en su propia práctica como docente. En relación con este proceso, Robert T. Tauber y Linda S. Lumsden comentan valiosas investigaciones sobre estos temas y proponen estrategias para utilizar estos saberes a favor de los estudiantes y su proceso de aprendizaje.

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